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Integración universitaria
viernes, 23 de febrero de 2007
Desde hace muchos años se ha visto a la integración como un camino para enfrentar el subdesarrollo latinoamericano. Aunque las propuestas políticas sobre las que se han asentado esas iniciativas integradoras han sido muy diversas, a veces hasta contrapuestas políticamente, el hecho es que las iniciativas de integración son ya viejas en el subcontinente. Concomitantemente con ello, las propuestas de integración académica son también antiguas.  Desde hace más de 100 años se ha venido hablando de juntar esfuerzos universitarios en América Latina. Se han realizado numerosos eventos internacionales con ese fin. Pero el resultado concreto ha sido más bien muy modesto. En la realidad había muy poca integración ‘horizontal’, pues los intercambios se hacían básicamente entre las instituciones académicas de cada uno de los países con los centros de excelencia de los países avanzados, y tenían menor importancia las relaciones de integración entre las universidades de los propios países de la región. En los últimos años, empero, el tema de la integración universitaria aparece presionado por nuevas exigencias que derivan de los procesos de globalización y de integración económica. Estos no son términos asépticos. Tienen un alto contenido político y polémico. Pero, más allá de ello, América Latina se ha planteado reiteradamente la necesidad de elevar los niveles educativos de la población. Un documento de la Cepal plantea que la alternativa de poner en el centro a la formación de recursos humanos y al conjunto de incentivos y mecanismos que favorecen el acceso y la generación de nuevos conocimientos, depende de “una amplia reforma de los sistemas educacionales y de capacitación laboral existentes en la región y mediante la generación de capacidades endógenas para el aprovechamiento del progreso científico y tecnológico”. Allí se hace referencia a la progresiva globalización de los mercados, a la competitividad basada en el progreso tecnológico, a la investigación básica y aplicada, a las políticas de ciencia y tecnología, a la informatización de la sociedad y al papel destacado que tiene en todo ello la generación de nuevos conocimientos desde la región y sobre todo desde las universidades. Esto último se explica por la acentuada concentración de recursos humanos e infraestructura para ciencia y tecnología que tienen las instituciones universitarias. De acuerdo al documento de la Cepal, “una proporción cercana al 75% de la capacidad de investigación y desarrollo se concentra en las principales universidades de la región”. Ante las nuevas realidades, la educación superior no puede cerrar los ojos y simplemente negar el hecho de la globalización, sino que debe enfrentarlo directamente y con actitud crítica. Las universidades deben ver la integración no solo como sujeto de docencia e investigación, sino como escenario para sus relaciones institucionales. La creación de mecanismos de cooperación, redes e instituciones especializadas es fundamental. Así se comparten experiencias y se ahorra recursos. Pero también se forman generaciones de especialistas y docentes con capacidad de afrontar el trabajo con conocimiento de otros países y de la región como un conjunto.  http://www.prensaescrita.com/diarios.php?codigo=AME&pagina=http://elcomercio.terra.com.ec